Biometría, la clave para la personalización del servicio

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La biometría se basa en el reconocimiento de las personas a partir de sus rasgos físicos o de comportamiento. No es nada nuevo, desde hace décadas se utilizaban métodos de autenticación basados en la geometría de la palma de la mano. Y ya en el siglo XIV en China se usaba para diferenciar a los jóvenes de los adultos, y viceversa. Pero es ahora, tras unirse con el marketing, cuando ha pasado a utilizarse con la finalidad de estudiar el comportamiento del cliente y, con ello, adaptar el producto o servicio a sus necesidades.

Poder analizar al consumidor, conocer cuáles son sus sensaciones, y determinar sus gustos y sus hábitos de consumo, permite una mayor personalización de la oferta mejorando la experiencia de cada usuario. Y es que el cliente, no busca comprar un producto o un servicio, sino vivir una experiencia única, algo mucho más fácil de conseguir mediante la personalización a partir de los resultados obtenidos por la tecnología biométrica.

La tecnología biométrica se pone al alcance del marketing para facilitar la identificación del cliente y con ello personalizar la oferta

Esta tecnología permite a las empresas sugerir al usuario una ruta, viaje, una experiencia o un nuevo producto, por el simple hecho de que éste ya haya buscado información sobre un lugar u objeto en concreto, haya navegado durante un tiempo significativo en su web, o haya compartido contenido sobre eso mismo en sus redes sociales.

Pero no toda la biometría se centra en los hábitos de consumo. Se han empezado a implantar diversas acciones basadas en esta tecnología para favorecer la integración de las TICs y, con ellas, la comodidad y la personalización del servicio, ya sea a través de dispositivos wearables (como el smartwatch, por ejemplo) o utilizando el propio cuerpo humano.

Biometría, el sistema más seguro

La biometría es uno de los métodos de autenticación más seguros, a pesar de la creciente sofisticación de los ciberdelincuentes. Esta asegura con un alto nivel de precisión la identidad de la persona, además, deja de lado el complicado acceso a partir de múltiples contraseñas.

El análisis biométrico es capaz de convertir hasta el último rasgo de nuestro cuerpo en datos legibles e interpretables. De este modo, nuestra cara se convierte en el password más personal: una clave única e intransferible cada vez más difícil de suplantar.

La combinación de esta tecnología con la inteligencia artificial y el machine learning permite reconocer aspectos básicos del rostro como la distancia entre los ojos, la altura de los pómulos o el tamaño de la nariz. También es posible escanear el iris o analizar la profundidad de la imagen con infrarrojos para detectar si en lugar de un rostro la cámara está viendo una fotografía. Así pues, cada día es más difícil poder reemplazar la identidad de otra persona ante sistemas de reconocimiento facial.

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